ROMA DÍA 1

Este era un viaje que estaba deseando hacer desde hace mucho tiempo y no puedo estar mas feliz y sentirme afortunada y agradecida de poder vivir esta experiencia.
Roma es una ciudad muy especial, con mucho encanto… sus calles, sus palacetes antiguos, sus innumerables obras de artes y su historia hacen de este lugar tan mágico… tan lindo.
 Lo que me sorprendió mucho fue la cantidad de indigentes que vi y los vendedores ambulantes extranjeros, en su mayoría paquistaníes e indues.
Antes de ir a Roma, nos habían advertido bastante sobre los robos, dicen que son los carteristas mas hábiles del mundo, así que tomamos precaución (aunque no fue suficiente, os contaré mas adelante)

Yo por condiciones de salud no me encontraba para hacer un turismo mas profundo, así que había que ir con calma y mucho cuidado.

Llegamos a medio día y lo primero que hicimos fue dejar las maletas en el hotel y fuimos a comer, por supuesto pasta italiana, después seguimos con nuestra ruta turística.
Empezamos por el coliseo romano, no entramos porque yo no podía subir escaleras, de todas formas estar frente a aquello era tan emocionante que no necesite adentrarme, podía quedarme allí comiendo pipas todo el día, en ese momento no necesitaba mas… mientras contemplaba aquello me preguntaba: ¿Cómo en aquella época los romanos fueron capaces de crear esta monumental obra y con menos recursos? y encima que perdurase hasta nuestros siglos -mi mente viajaba a través de la historia- y me imaginaba a los romanos de la época, al emperador Augusto -¡Mierda! ¡las películas!- lo había visto tantas veces en las películas, Gladiador, Ben Hur, Vacaciones en Roma con Audrey Hepburn -Si! quiero subir las escaleras de la plaza España y tomar un helado como en la película!… no podía creer que yo estaba allí haciendo fotos… hice fotos, muchas fotos! simplemente una sensación única.
Después de ese pensamiento efímero volví a la realidad y continuamos con nuestro recorrido.
Fuimos a tomar gelato frente al templo de Panteón, y allí me encontraba de nuevo, sentada en la escalera de la fuente mientras escuchaba a unos artistas callejeros cantar The Wall de Pink Floyd y cientos de turistas a su alrededor.
Observaba todo cuanto ocurría a mi alrededor, fijándome en cada detalle de la ciudad, los adoquines de la calle, lo pintoresco de las tiendas, pastas de diferentes tamaños y colores colgando en las entradas de los locales y la decoración con vegetales en la entrada de los restaurantes, el ambiente, los vendedores ambulantes… era todo tan mágico, tan especial.
Luego fuimos a la fontana de Trevi, y me quede con las ganas de hacerme mi selfie porque estaba en restauración, allí habíamos cientos de personas queriendo inmortalizar ese momento y tirar unas monedas para pedir un deseo.

 Ese día me hubiera gustado ver un poco mas, pero debido a mi estado me fatigue mucho y tuvimos que regresar al hotel, para descansar.

En la siguiente entrada os contaré todo acerca de nuestro segundo día en Roma, El Vaticano,  la emocionante misa del Papa y de Trastévere.
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